
El Castillo de San Jorge se sitúa en una de las colinas más altas de Lisboa, visible desde cualquier parte de la ciudad.
Sus orígenes se remontan a la Edad de Hierro, s. VI a. C. época de la que datan los vastigios más antiguos encontrados entre sus murallas. Sin embargo, de la existencia de un castillo como tal no se tienen referencias en documentos escritos hasta mediados del s. XI.
De esta época existen documentos que relatan lo ocurrido en la Conquista Cristiana de la fortaleza el 25 de octubre de 1147.
Unos años después Lisboa se convertiría en la capital del reino de Portugal y el Castillo de San Jorge comenzaría a vivir sus años de máximo explendor, motivado, sobre todo, por el hecho de convertirse en residencia real.
Así, durante los siglos posteriores, XIII, XIV y XV los distintos reyes se ocuparon y preocuparon por llevar a cabo todas las mejoras y restauraciones posibles en el Castillo.
Pero de la misma forma que vivió su explendor llegó su decadencia, de la mano del mismo hecho pero a la inversa. La residencia real se trasladó al ya terminado Palacio de la Ribeira en la Plaza de Comercio y los terremotos hicieron el resto para que el inmenso Castillo de San Jorge se fuera convirtiendo en unas simples ruinas que dejaban de defender y vigilar la ciudad de Lisboa.
Habría que esperar hasta el inicios del año 1900 para que el Castillo comenzara a ser tenido en cuenta de nuevo.
En 1910 fue clasificado como Monumento Nacional y después comienzan a realizarse serios trabajos de recuperación que prácticamente dotan a la fortaleza del actual aspecto, aunque éste no sea una reconstrucción fiel de los que fue en otras épocas.

Fotografías vía Flickr




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