Una de las basílicas más hermosas de la capital portuguesa es la “Basílica de Estrela”. La historia de la misma es muy emotiva: fue la misma reina Doña María I quien siendo muy joven manda a construir la basílica para las carmelitas descalzas de la región. Su intención no solo era hacer un bien y un hermoso regalo a las carmelas de allí sino que por medio de dicho acto pretendía ser bendecida por Dios para que éste le concediera la posibilidad de ser madre de un niño varón para que la sucediera en el trono.
En 1761 se termina de construir Estrela y 8 meses más tarde nace su primer hijo: José, quien toma parte del trono tras la muerte de José I, el marido de Doña María, en el año 1777. Pero para ese entonces Estrela era muy pequeña, todavía no contaba con la terminación de todas sus instalaciones. En 1779 se termina la basílica y se comienza refaccionar el pequeño convento. Mateus Vicente de Oliveira fue el arquitecto encargado de hacer la obra y luego, después de la muerte del primero, la termina de edificar y dirigir Reinaldo Manuel dos Santos.
En 1787 la basílica de Estrela ya funcionaba completamente: era un hermoso edifico revestido en su interior por mármol, amplio y acogedor. Un año más tarde la basílica recibe el honor de ser “culto al Sagrado Corazón”, aprobada por el mismísimo Vaticano. Otra de las curiosidades es que los restos de Doña María se encuentran allí, a diferencia de los de su familia que se hallan en el Panteón Nacional.
Dirección: Praça da Estrela, Lisboa.
Imágen: golisbon.




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